¡Paren las rotativas!

Cristian Ramón Marín Sanchiz
EL NIÑO DE MAÍZ
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¡Paren las rotativas!

Capítulo II

En la universidad, Dennis Noyes decidió que quería aprender la lengua de Cervantes y un profesor le recomendó que se mudara, durante las vacaciones de verano, a un país de habla hispana para no hablar con ningún gringo. Dennis hizo caso, y las maletas, y puso rumbo hacia Latinoamérica, donde acabó trabajando para The Daily Journal, un diario de Caracas (Venezuela).

Poco a poco fue ganándose el respeto dentro del equipo y una noche le dejaron a cargo de la redacción con una tarea de gran responsabilidad: modificar la portada del número que se publicaba al día siguiente si surgía una noticia muy destacada. Para cumplir con su cometido, estuvo pendiente del teletipo hasta que apareció un titular impactante: La ciudad de San Luis, en llamas. Por aquel entonces era la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos y eso significaba que había llegado la noticia que necesitaba para cumplir el sueño de todo periodista joven en los 60. Gritar eso de... "¡Paren las rotativas!". Dennis era hijo de un corresponsal de guerra y su ambición periodística había permanecido latente hasta entonces, esperando el momento adecuado para brillar.

The Daily Journal (1945–2008)

El jefe de imprenta cumplió con la orden y rompió el molde para retirar la noticia que iba en portada hasta ese momento, un texto sobre la llegada del nuevo embajador de Estados Unidos a Caracas. No había vuelta atrás, pero entonces llegó un pequeño giro inesperado por cortesía del teletipo. "La ciudad de San Luis de Potosí, capital de la estado de San Luis de Potosí, México...", especificaba. Efectivamente: St. Louis (USA) no estaba en llamas. Y el incendio que afectaba a esa pequeña localidad mexicana no era tan grande, en realidad. Había que reconstruir la noticia original, pero el jefe de imprenta aseguró que no había posibilidad de hacerlo a tiempo. Además, la foto obligatoria del embajador con el Presidente Rómulo Betancourt estaba hecha trozos. 

Dennis esperó un milagro junto al teletipo hasta que, a última hora, llegó un reportaje curioso. Los caraqueños despertaron al día siguiente para leer el siguiente titular: Vaca muere tras un accidente de avión. Y, como era de esperar, esa línea editorial provocó cierto malestar político porque, al fin y al cabo, la muerte del pobre animal parecía más relevante que la llegada del embajador. Por suerte para el mandatario, la portada no aclaraba que el avión era un juguete teledirigido por un niño, como se podía leer en las páginas interiores.

La parte positiva es que, aquel día, Dennis entendió que cualquier decisión periodística debe apoyarse sobre fuentes verificadas y ser honesta, porque puede tener grandes consecuencias. Da igual que el texto hable sobre la muerte de un animal o sobre la rivalidad entre Kevin Schwantz y Wayne Rainey. Le habría gustado preguntar a la vaca por su versión de los hechos antes de aparecer en portada, pero no fue posible. Ella fue la gran damnificada en esta historia.

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