El Mejor

Dennis Noyes
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El Mejor

Solo Moto 1987

Al leer de nuevo esta Cinta, escrita hace treinta y tres años, vuelvo a aquel día en Rijeka cuando Freddie estaba a medio kilómetro de la pole que, tal vez, hubiera abierto una nueva faceta de su carrera deportiva. En 1987 hablé varias veces con Freddie. Como el único periodista norteamericano que seguía todo el Mundial, me era fácil sobrepasar protocolos y hombres de relaciones públicas. Creo que hoy día este nivel de contacto directo con los mejores pilotos del mundo es imposible.
Roberts, Mamola, Rainey, Kocinski….aun llegué a tener largas conversaciones sin grabar nada, sin tomar notas, con Eddie Lawson. Pero con Freddie era diferente. Los otros, repletos de autoconfianza, siempre eran muy abiertos. Freddie era, en el fondo, un hombre tímido, sobre todo después del increíble doblete 250-500 de 1985. La primera vez que tuve una charla…no una entrevista…fue en Rijeka, Yugoslavia, 1987, el día que Freddie, fugazmente, volvió a ser durante tres cuartos de una vuelta, el mismo Fast Freddie de leyenda…que es el tema de la Cinta que sigue.
Un día durante la temporada 1985, Erv Kanemoto, al ver a Freddie bajar del podio de 250cc justo a tiempo para salir con la 500 comentó a un miembro del equipo Honda, “algún día todo esto le va a pasar factura.” Aquella factura llegó temprano, justo a final de la temporada del doblete.
Después de conseguir los dos títulos de 500cc, delante de Eddie Lawson, y el título de 250cc, delante de Carlos Lavado…dos de los mejores pilotos de Yamaha de todos los tiempos es sus respectivas categorías, Freddie, en vez de euforia, sintió un profundo vacío. Confiesa que cuando estaba en el hotel de Suzuka al final de temporada y después de una caída que no le permitió participar en una carrera no puntuable pero obligatoria por contrato, tenía la sensación de que no debía de estar allí.
En su gran autobiografía Feel (Sentir) habla de una tarde, meses después de la hazaña de conquistar los dos títulos. Estaba en casa. El gobernador había declarado para el estado de Luisiana un “Día de Freddie Spencer”, tenía en el cajón un excelente contrato con Honda HRC para tres años y una carta personal del Presidente Ronald Reagan felicitándole.  “Aquella tarde me senté en el sofá. Era oscuro y yo de niño tenía mucho miedo de la oscuridad, pero, sentado allí, ya no tenía miedo y una sensación se apoderó de mí…la sensación que todo se había acabado”. Tenía 23 años y tres títulos…pero algo en lo más profundo de su ser había cambiado.
La temporada 1986 era una larga pesadilla. Empezó bien…Pole y liderando el GP de España en el Jarama a falta de 10 vueltas y con ventaja de 11 segundos, pero desde las primeras vueltas iba perdiendo fuerza y tacto en la mano derecha. En la vuelta 28 de 37, frena para Bugatti y la mano de le obedece. Su muñeca no le obedecía. Al día de hoy, 31 años después dice que todavía no entiende lo que le pasó. El resto de la temporada era todo caídas y lesiones, y ni un solo punto. Freddie no entendía que le pasaba. Perdía tacto primero en las manos, después en los brazos y la espalda, pero, sobre todo, el problema era de la muñeca derecha…consecuencia de una serie de caídas al final de temporada.
Pero, después de un invierno de mucho entrenamiento y renovada ilusión (y muchas dudas), sufrió una caída en Daytona le estropeó su comienzo de temporada Mundial.
Y esto nos lleva a Yugoslavia, 1987, y la Cinta que sigue. Llegando a Rijeka, Freddie volvió a recuperar confianza y hambre de podios y victorias. Creo que el optimismo rebosante de mi texto es producto de la nueva chispa de ilusión que vi en los ojos de Freddie el día que nos dijo que un segundo puesto en Yugoslavia sería decepcionante.

¿Te acuerdas de la película? Redfern hace el papel de Hobbs, el jugador de baseball nato, el «jonronero» con cara de niño y escrúpulos de santo. (Rechaza los millones que ofrecen los malos para hacer perder a su equipo.) Probablemente nunca ha habido un jugador tan bueno como «el mejor», ya que en la película se trata de un hombre que vuelve a los campos después de una larga ausencia para volver a ser tan bueno o más que antes. De baseball entiendo un poco, y volver a pegar a la bola a nivel de Grandes Ligas después de unos años en vacío es casi, casi imposible. Ted Williams lo hizo después de sus años en la mili durante la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, la Guerra de Corea.

Williams volvió de Corea después de dos años a los mandos de un caza (le derribaron una vez) y sin más que un cambio de ropa (uniforme de los Red Sox de Boston en vez de los Marines de los EstadosUnidos) recuperó su puesto como el mejor bateador de su generación.

Una de las cosas mas difíciles de hacer en el mundo de los deportes es «chocar» una pelota de baseball… que camina a unos 150 o 160 km/h y que se puede desviar rápidamente hacia la derecha, hacia la izquierda o hacia abajo… o que puede imitar el vuelo errático de una mariposa… todo depende del «pitcher». (La decisión de intentar pegar o no a la bola se hace en cinco centésimas de segundo.) Volver después de un par de años de ausencia y «chocar» la bola como antes es casi imposible. Sólo los superdotados… Ted Williams y Joe DiMaggio… consiguieron hacerlo después de la guerra.

Pero en otro deporte que también requiere una rapidez de reflejos increíble… la velocidad… no creo que nadie nunca haya igualado la hazaña de «Fast Freddie» Spencer en Yugoslavia.

Después de casi dos años sin correr en condiciones, Freddie a punto estuvo de quitarle a Wayne Gardner la «Pole Position». Yo lo explicaba todo, una por una, detalle por detalle, en mi texto del G.P. de Yugoslavia… pero mi texto completo fue «comido» por los duendes de la informática.

Pero pasó lo siguiente. Spencer llegó a Rijeka con unos dos o tres kilos de más, desentrenado y después de una racha increíble de mala suerte. Pero rebosaba auto-confianza. «Mi único problema aquí es la resistencia. Acabo los entrenos cortos jadeando después de tan sólo cinco vueltas seguidas. El calor me va a afectar y este circuito es muy agotador». Después de la tercera tanda de entrenamientos Freddie tenía el cuarto mejor tiempo, en la misma décima de Lawson y Mamola y a ocho décimas de Wayne Gardner. Y dijo: «No he podido rodar a gusto todavía porque me encuentro aquí probando unos neumáticos nuevos que no existían hace un año. Espero poder dar a lo menos una vuelta rápida esta tarde». ¡Como si rodar en el mismo tiempo que Lawson y Mamola no era dar una vuelta rápida!

Le hice una pregunta… una pregunta que contestó sin más que un micro-segundo de reflexión.

«¿Qué resultado te decepcionaría?» (Tal vez una manera torpe de formular la pregunta, pero Freddie me entendió en seguida y no tardó en contestar). «Un segundo puesto me decepcionaría», me dijo, mirándome fijamente.

Después, al oír a unos periodistas reírse de asombro por la rapidez de la contestación y, sobre todo, por su contenido, Freddie quiso suavizar… quiso ser más «humilde», pero Freddie no sabe mentir y su próxima contestación fue una obvia «mentirijilla blanca»: «Bueno, yo soy consciente de que debo tomar las cosas con tranquilidad. No quiero caerme, y creo que estaría contento con un puesto entre los cinco primeros…» Y esta vez no me miró a mí ni a nadie… aún así quedó clarísimo que Freddie había venido a Yugoslavia para ganar, y con «Pole Position» de propina y primer aviso.

Una victoria de Spencer hubiera hecho polvo a sus rivales. Gardner sabe que un título mundial sólo tiene sabor a título cuando el que lo consigue se muestra el mejor. Lawson sabe mejor que nadie que ganando por puntos, cuando Spencer domina en pista, no da muchas satisfacciones ni al piloto ni a su marca.

Y Gardner salió en aquella última tanda de entrenos para defender su mejor tiempo. El golpe moral de una «Pole Position» de Freddie hubiera sido demasiado… y en todo lo que va del Mundial 87 no he visto a Gardner correr nunca en pista como corrió en aquella última tanda de entrenos del sábado en Rijeka.

Corría como si le persiguieran demonios… o el fantasma de Spencer.

Y Gardner tenía muy claro que Freddie era capaz de bajar un segundo entero.

Gardner había conseguido su mejor tiempo provisional a base de más de 40 vueltas de entrenos, y la cuarta parte de ellas eran «vueltas rápidas»… vueltas cuando el duro australiano había ido a por nota, a por tiempo en todo el circuito.

Pero Freddie sólo había completado 17 vueltas y de ellas tan solo dos eran «vueltas rápidas». Freddie es un piloto súper disciplinado y metódico, y su sistema de entreno es de entrenar secciones individuales, concentrándose detenidamente en un tramo de unos 800 metros, o tal vez menos, perfeccionando su punto de frenada, su trayectoria, sus relaciones internas del cambio, y después haciendo el resto de la vuelta a un ritmo conservador (para él) y sin dar ninguna importancia a los tiempos globales, ni tampoco a los parciales sacados por su equipo. Freddie lleva su propio crono interior y sabe si está realmente al límite o no… y cuando Freddie consigue hacer toda una vuelta rozando sus propios límites personales sabe que nadie le va a ganar. Hasta ahora siempre ha sido así. El dice aparentemente sin ganas de ofender a Lawson, ni a nadie más, que el único piloto que le ha obligado a ir vuelta tras vuelta al límite para ganar carreras era Kenny Roberts, y los técnicos de Yamaha y Honda reconocen que durante aquellas pugnas entre Kenny y Freddie aprendieron más sobre los puntos débiles de sus motos, que en los de después de la retirada de Kenny.

«Freddie sin Kenny en pista no ha tenido que correr tanto», dice Erv Kanemoto.

Y Wayne Gardner salió a la pista en Rijeka dispuesto a arriesgarlo todo para preservar su mejor tiempo. Era la primera batalla… la batalla para preservar su propia moral de vencedor. Una «Pole» de Freddie le hubiera comido la moral.

Y vimos a Freddie con su Honda HRC de colores anónimos, sin patrocinador. Freddie salió para hacer tiempos. Primero hizo un par de vueltas probando cosas, volviendo a boxes para pedir cambios de suspensión trasera. Freddie ataca con tanta furia en las salidas de los virajes que la moto culea de una forma peculiar… derrapando al mismo tiempo, y Freddie juega con el puño, cortando sólo durante los breves instantes (microsegundos) cuando el amortiguador está a tope, para después volver a acelerar a fondo contando con el recorrido de la suspensión trasera para absorber parte de la potencia en forma de aquel violento y aparatoso culeo. Y en Yugoslavia las únicas Honda que culeaban así eran las de Freddie y Wayne. Mamola, con su Yamaha, nos alucinaba con sus largos derrapajes de ambas ruedas, mientras Lawson inducía un culeo en su Yamaha muy semejante, pero menos violento que el de Freddie y Wayne.

Y las caídas de Gardner y Spencer ocurrieron casi simultáneamente.

Gardner se pasó de puño en la curva de derechas de la «chicane rápida», y el amortiguador trasero hizo un tope seco. La moto se cruzó, derrapando, volvió a coger adherencia, y le intentó escupir por las orejas, pero Gardner no soltó la moto. Hizo el pinito sobre los manillares y se cayó delante de su propia Honda. Era una mala caída.

La moto lo empujó y él quedó brevemente atrapado por debajo. Pero afortunadamente la velocidad no era muy alta y no hubo ningún obstáculo al lado de la pista.

Wayne estuvo casi un minuto tendido en el suelo al lado de su Honda Rothmans antes de la llegada del primer control. Y cuando el control yugoslavo intentó ayudarle a levantarse, Gardner le dio un fuerte empujón que le hizo dar dos pasos hacia atrás.

«Estaba muy cabreado conmigo mismo», dijo Wayne después. «Yo hago las carreras una por una y hasta ahora no he pensado en el título. Quedan demasiadas carreras todavía. Pero te aseguro que en aquel instante, cuando me encontré por el suelo empujado por mi propia moto, pensé muy seriamente y por primera vez en el Campeonato del Mundo. Lo vi todo perdido. Era una caída mala, caída de clavícula. Tuve suerte». El que no tuvo suerte era Freddie. A unos 1,5 kilómetros de la escena de la caída de Gardner, Freddie tomaba la última curva de Rijeka. Sus tiempos parciales en todo el circuito eran óptimos según los cronometradores de Honda HRC. Iba a ritmo de «Pole» y sólo le faltaban unos 500 metros para completar la vuelta que pudo haberle colocado en primera posición de parrilla. Pero varió ligeramente su trayectoria en la entrada del «curvón» antes de la entrada de la recta de meta.

Los testigos de la caída afirman que Freddie se cayó solo. Aquella pequeña variación le hizo cometer un pequeño error.

Pisó la línea pintada del interior del circuito justo en el primer ápice, y la moto, ya derrapando ligeramente… como siempre… se cruzó más de la cuenta. Parecía que Freddie iba a poder controlar la situación, pero las ruedas seguían desalineándose. Freddie, con sangre fría, luchó para recuperar control, pero ocurrió lo de siempre… la rueda trasera cogió agarre y el latigazo hizo que Freddie perdiese las estriberas y de golpe se encontró haciendo «esquí asfáltico» sobre los suelos de sus botas, agarrado a los manillares y de pie por el lado izquierdo (interior de la curva) de la moto. Quería «hacer un Mamola» saltando otra vez a bordo, pero se acabó la pista… y Freddie se rompió de nuevo la misma clavícula de Laguna Seca y Daytona.

Media hora después, Freddie salió escayolado de nuevo de la clínica, deprimido, por supuesto, pero con tranquilidad interior. Freddie sabe que tenía la «Pole Position» en el bolsillo. Sabe, si alguna vez lo ha dudado, que sigue siendo «el mejor». Y con una mirada directa y sincera, dijo algo que nadie debe dudar nunca: «I’m not gonna let it end like this», «No voy a dejar que acabe así». Freddie Spencer, el perfeccionista, es probablemente el único piloto de la actualidad… y uno de los muy pocos en la historia de los mundiales… que realmente merece el calificativo de «superdotado». No es Supermán, porque Supermán sólo existe en los cómics y en las fantasías de Hollywood. Ni Carlos Lavado es Supermán.

Lo que Lavado hace a base de voluntad, ganas, coraje, inspiración y arrojo, Spencer lo hace a base de intuición y virtuosidad nata.

Una combinación de los dos… un piloto con el talento intuitivo de Freddie y la voluntad de Carlos… ese piloto sí sería un Supermán.

Y de paso diría que Freddie Spencer dice que el piloto del mundial que más admira es Carlos Lavado, «porque siempre da el 110 por 100 aún cuando esta lesionado, y aún cuando su moto no va del todo bien». Freddie admira en Lavado precisamente las cualidades que él mismo no tiene. Para dar el 100 por 100 (equivalente al 110 por 100 de los demás), Freddie tiene que tener todo perfecto… moto, cuerpo y coco. En Yugoslavia casi, casi tenía todo perfecto. El error era de impaciencia. Quedaba muy poco tiempo para acabar la sesión de entrenos, y después de haber entrenado el circuito por secciones, Freddie iba a por una vuelta que hubiera dejado clarísimo que «Fast Freddie» sigue siendo el mejor. ¿Cuánto tardará en volver a volver a la pista? Tal vez menos de lo que algunos piensan. Si no se trata de más que de una simple rotura abierta de clavícula, es posible que Freddie ya habrá vuelto antes de la publicación de este artículo. Creo que Freddie volverá a ganar carreras este año… y creo que en Yugoslavia, Honda ha visto muy claro que no pueden nunca dejar que Spencer vaya a correr con otra marca.

(Honda pagó a Hailwood en el 68 para no correr con nadie… así como suena… un contrato millonario para estar inactivo). La racha de mala suerte de Freddie tiene que acabar algún día… creo que ya ha acabado. Y si después de estos dos años terribles y frustrantes Freddie Spencer todavía quiere ser Campeón del Mundo, si todavía siente la necesidad de ganar carreras y poner de manifiesto el don que Freddie dice que viene de Dios… pues contará con las motos y el respaldo para hacerlo.

Suzuki o Yamaha… ¡o Cagiva!... ¿Cuánto pagarían para vestir a Freddie Spencer en sus colores? Sí, Freddie lo demostró en Yugoslavia y todos los pilotos de 500 c.c. lo vieron… muy a pesar suyo. Freddie sigue siendo «el mejor». Y de hecho el título de aquella película está mal traducido. El título de origen en inglés era «The Natural»…, un atleta que lo hace todo sin aparente esfuerzo, por naturaleza.

Así es Freddie. Así era Hailwood. Así era Jarno Saarinen.

Freddie dice que no dejará que su carrera acabe así, con la caída de Rijeka.

No sé si con esto Freddie quiere decir que volverá para ganar una sola carrera, un solo campeonato… o si volverá para muchos años… y al pronunciar aquellas palabras probablemente Freddie tampoco estaba seguro de sus intenciones específicas.

Pero volverá y, si Dios quiere, ganará. Esto lo ha visto hasta Gardner.

Aun después de Yugoslavia, Freddie tuvo unas cinco vueltas de gloria, liderando el GP de Gran Bretaña. Estaba aguantando los ataques de Wayne Gardner y Eddie Lawson cuando algo pasó…dijo a Erv Kanemoto que “algo” pasaba…un fallo intermitente de motor, "chatter" en la rueda delantera es lo que le dijo pero Freddie mismo ha llegado a pensar que lo que fallaba era el piloto…la frase que Freddie  emplea es “gun-shy”, frase que significa miedo de los disparos.
No volvió a subir nunca más al podio de una carrera del Mundial…lo mejor era un quinto puesto a 51 segundos con la Yamaha de Team Agostini en Jerez, 1989.
Pero durante dos temporadas mágicas, 1983 cuando ganó de tú a tú a Kenny Roberts, y 1985,  el año del doblete…y durante unos instantes inolvidables en Rijeka, 1987, Freddie Spencer era “El mejor.”
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